Gastón Fourzan & Luis Armendáriz

El patrimonio arquitectónico del estado de Chihuahua es tan amplio y tan variado como su extensión territorial. Al igual que en otras zonas geográficas del norte del país, el principal valor de la arquitectura tradicional se encuentra en la tierra, lo que lo proyecta en el plano nacional como una de las entidades con mayor cantidad de vestigios del pasado, entre los que se enlistan zonas arqueológicas, pueblos mineros, templos misionales, haciendas y centros urbanos con una alta cantidad de monumentos históricos.

En los últimos años, Chihuahua se ha posicionado como uno de los estados con mayor interés en la conservación y la restauración de edificios con valor patrimonial, y eso se refleja no sólo en el número de proyectos de rescate y restauración que promueve actualmente, sino en el nivel demostrado a través de sus obras.

Detrás del reconocimiento que ha alcanzado este Estado, hay un trabajo loable por parte de la sociedad civil, el gobierno y los profesionales locales que, en conjunto, han logrado profesionalizarse hasta adquirir cierto grado de especialidad en la intervención de edificios históricos. Dos referentes son los arquitectos Gastón Fourzan y Luis Armendáriz, ganadores de la Medalla de Plata en la XIV Bienal Nacional de Arquitectura Mexicana, organizada el año pasado por la Federación de Colegios de Arquitectos de la República Mexicana (FCARM), por su labor en la obra de restauración de la Quinta Carolina, una portentosa edificación construida en la ciudad de Chihuahua a finales del siglo XIX.

Mucho se puede decir de la trayectoria de ambos. Gastón Fourzan es un experimentado arquitecto con más de 30 años de experiencia en proyectos de intervención arquitectónica. Luis Armendáriz es un joven pero experimentado arquitecto que a sus treinta y dos años de edad se ha distinguido por su capacidad para gestionar recursos federales y financiar sus propias obras. Además de su trabajo en la Quinta Carolina, ambos han trabajado en la restauración de otros inmuebles históricos, como la Ex Hacienda El Sauz y el templo San Diego de Minas Nuevas.

La restauración de la Quinta Carolina.

El casco principal de la Quinta Carolina es propiedad del Gobierno del Estado y está en custodia de la Secretaría de Cultura Estatal. El proceso de acciones para rescatar del abandono y el deterioro a la Casa Grande comenzó con algunas acciones para su conservación hace más de veinte años, sin embargo, no fue hasta el año 2007 cuando se dio un paso trascendente para el rescate, la restauración y la rehabilitación formal de los espacios del recinto, al desarrollar los proyectos ejecutivos para reutilizar al inmueble como un Centro Cultural.

En el año 2008 inició la primera etapa de la obra. Marcando como prioridad la consolidación estructural del edificio, el proyecto de intervención planteó que la intervención de los espacios atendería las particularidades y las necesidades que dictarían los nuevos usos, cada uno en lo específico, de allí que hay tres grandes criterios de intervención por demás notorios en la obra: Restauración, rehabilitación/acondicionamiento y mínima intervención.

El Centro Cultural Quinta Carolina está equipado para albergar una sala de proyección, tres aulas de formación cultural, un centro de documentación digital, una sala de exposiciones temporales, un salón de usos múltiples y un museo de sitio –aun en proceso– que estudiará el esplendor del capitalismo en Chihuahua.

La obra representó varios desafíos. El más grande, realizar un trabajo interdisciplinario ordenado en el que intervinieran manos expertas de restauradores, maestros artesanos del adobe, albañiles, canteros, ebanistas y un sinfín de especialistas. Al final, el objetivo se cumplió y algo a destacar es que a excepción de los trabajos en restauración de pintura mural decorativa, la mayor parte de los trabajos fueron realizados por manos chihuahuenses.

Despues de 8 años de arduo trabajo, la obra quedó concluida y la mayor parte de los espacios quedaron equipados para ofrecer servicios culturales.

Para ambos arquitectos, la restauración y rehabilitación de la Quinta Carolina se ha convertido en un proyecto trascendente y en una convicción personal que se ha ido consolidando con el apoyo de un equipo de trabajo eficiente y compacto.

La participación de la empresa constructora Kikita en la coordinación de artesanos, albañiles, técnicos y otros especialistas, más el apoyo en proyecto y supervisión de las arquitectas Alba Luz Maynez, Abril Rubio, Paulina Grajeda y Adriana Bolaños, fueron la fórmula perfecta para que el rescate de éste emblemático conjunto insignia de la arquitectura Porfirista se consolidara como una de las obras de restauración de patrimonio arquitectónico más relevantes del país.

La valoración de profesionales dedicados a la restauración del patrimonio arquitectónico.

En las ciudades latinoamericanas, los contextos urbanos parecen atravesar por las mismas realidades y la pérdida de construcciones relevantes parece estar inserta en la dinámica de una sociedad cada vez menos consiente del valor que guardan sus monumentos históricos. Es aquí donde cobra valor el papel del arquitecto como un conservador del patrimonio arquitectónico, y por lo tanto, como un conservador de la identidad regional.

Mostrar un poco de la labor que realizan arquitectos profesionales como Gastón Fourzan y Luis Armendáriz es mostrar sólo un ejemplo del esfuerzo y el talento que imprimen un sinfín de especialistas más a lo largo y ancho del país para que el patrimonio arquitectónico mexicano se conserve.