Por: Isabel Rosas Martín del Campo

El pasado 5 de octubre se celebró el Día mundial del hábitat. ¿Qué tan conscientes estamos realmente de su trascendencia como celebración? ¿qué logros sustanciales se determinarán en esta mesa de trabajo? Habría que definir primero qué es “HÁBITAT” para comprender más a profundidad, las grandes complejidades humanas que se derivan de su propia definición. “Hábitat” según la RAE, es una voz latina que simboliza “vive” que introducida del inglés al español significa: lugar de condiciones apropiadas para que viva un organismo, especie o comunidad animal. Como comunidad humana (especie animal) sabemos que cada vez nuestro hábitat se complejiza más. Tan solo para el año 2050 según la ONU, se estima que más del 70% de la población habite ciudades metropolitanas. Hecho que, sin duda, pone en tela de juicio las políticas públicas. Hoy especialmente se están produciendo cambios sustanciales en el hábitat a consecuencia de la pandemia. Se trabaja, o sólo se piensa y aún no se comienzan las transformaciones en el entorno socio cultural y económico que es donde nos encontramos todos los días habitando y que procurarían el inicio a las nuevas modalidades de habitabilidad que den respuesta a la paradójica medida de proximidad que se debe salvaguardar para conservar la vida, en principio. No se puede continuar la vida con edificios vacíos y sin sentido humano convirtiéndolos únicamente en objetos en desuso.

Esta enfermedad invisible ha provocado una crisis financiera y económica internacional, pero también en gran medida, creo yo, ha sacudido las conciencias y gloriosamente puede alcanzar a percibirse para corregir todo lo que salió a flote. De entrada, la falta de vivienda digna para la mayoría de las poblaciones donde las desigualdades sociales se transparentaron. No todo puede ser tan malo si la inteligencia del hombre interviene en las desavenencias. Esperemos pues que en esta magna reunión donde asisten los líderes mundiales en esta materia den cuenta de que el estilo de vida y su filosofía debe tender a la búsqueda de vidas más gratificantes y menos ostentosas para todos.

Así, las Naciones Unidas, asignan al primer lunes de cada octubre como Día Mundial del Hábitat. ¿Cuál es su búsqueda? “La reflexión sobre el estado de nuestros pueblos y ciudades y sobre el derecho básico de todos a una vivienda adecuada”. ¿Qué es una vivienda adecuada para las Naciones Unidas? Me pregunto. Cuando vemos todos los días gente que vive en casas donde por días enteros ni siquiera entran a una recámara de las doce habitaciones que integran sus grandes viviendas, donde, además solo habitan dos o tres personas. ¿Es acaso esto, la idea de una vivienda adecuada? ¿adecuada para quién? Mientras vemos habitantes en cuyos “hogares” el tema de las habitaciones se remite a dos cuartos de dos por dos, donde apenas cabe una cama y una pequeña cómoda y sus usuarios superan el número de habitaciones que ofrece la reducida vivienda. Sin contar aquellos cuya vivienda es apenas un habitáculo donde su habitabilidad se reduce a un único espacio para todos los usos que requieren para subsistir. Dice la ONU, que también esta celebración intenta “recordar al mundo que todos tenemos el poder y la responsabilidad de moldear el futuro de nuestras ciudades y nuestros pueblos. ¿Es cierto esto? Años pasan y años vienen, y el tema de la vivienda adecuada sigue vigente en términos de desigualdad socioeconómica y en consecuencia cultural para tratar de resolver la dignidad y o la indignidad humana que acompaña a la habitabilidad según sean las características y atributos de cada uno. Sin embargo, sigo insistiendo en el hecho de: ¿qué es una vivienda adecuada? Su definición y significación seguirán endebles en tanto se continúe tasando como un hecho material y no como un hecho humano. Si se sigue comprendiendo y analizando como un legado patrimonial únicamente y no como un legado humano que, al mismo tiempo defina y redefina el sentido y la naturaleza humanos.

Finalmente concluyo con la premisa del propio tema 2020 “VIVIENDA PARA TODOS-UN MEJOR FUTURO URBANO”. Cuando se inicia con una premisa fallida, desde luego el resultado será fallido. Una premisa es una oración muy corta que engloba una idea integradora de todo un índice de temas a resolver o a tratar. Me llama la atención sobre manera, el uso del tiempo “futuro” como promesa alentadora. Pues es el presente el que se debe atender. Es en presente como deben plantearse las consignas que involucran a toda una población que se está a expensas de las decisiones de unos cuantos que tienen el poder de decidir por cada uno. La premisa en mi opinión debiera ser 2020 “VIVIENDA PARA TODOS-UN MEJOR PRESENTE URBANO. Pensar en futuro lo único que ha logrado es que no se resuelva jamás nada para HOY.