La evolución de la vivienda en México ha estado a la par del desarrollo tecnológico y económico que el país presentaba. Variaciones en la forma y los espacios se adecuaban a las necesidades de vida doméstica que la sociedad experimentaba.

La ciudad de Guadalajara establecida desde su fundación como parada estratégica para los viajantes y comerciantes mantuvo su característica fisonomía “plana” otorgada por el terreno en donde estaba asentada, las viviendas eran de uno y dos niveles de acuerdo al nivel social y económico de sus propietarios. Con una tendencia de crecimiento hacia el poniente del arroyo San Juan de Dios ésta fue una constante hasta el siglo XIX.

Durante el Porfiriato, el desarrollo económico se refleja en la expansión radial de la ciudad, pero continuando con una disposición hacia el poniente se establecen áreas de carácter totalmente habitacional conocidas como las “colonias”, estas continúan con la horizontalidad de la ciudad la cual comenzaba a ser interrumpida únicamente por algunos edificios de 6 y 8 niveles con usos como oficinas y hoteles.

Con el fin de la revolución se inicia también la modernización del país, centralizando esos esfuerzos principalmente en la Ciudad de México se comienza a generar vivienda para una clase obrera y burócrata. En Guadalajara la transformación urbana se comienza a dar en los años 40 con el ensanchamiento de avenidas y con la creación de la escuela de Arquitectura los egresados comienzan con la siembra de elementos modernos cada vez más notorios, pero es el constante crecimiento económico y demográfico que se ve reflejado en una mayor construcción de fraccionamientos para viviendas.

Es la Torre Minerva (Coufal, 1961), la que con sus 12 niveles, se convierte en el edificio destinado para vivienda con mayor altura en la ciudad; los posteriores Condominio Guadalajara (De la Peña, 1962), Hotel Hilton (González Gortázar, 1963) y la Torre Américas (Gómez Vázquez Aldana, 1970), de 24, 20 y 25 niveles respectivamente, completan una década en la que la verticalidad en Guadalajara tenía en estos tres edificios sus más notorios ejemplos pero con la particularidad de que son de uso hospitalario y de oficinas, la vivienda seguía limitada a construcciones con menos altura, los condominios verticales no sobrepasaban los 5 niveles y el fenómeno de las urbanizaciones planeadas y las no reguladas se expanden en las periferias, naciendo el fraccionamiento residencial llamado “coto”.

En  los inicios de la década de los 80, las Torres del Country (Gómez Vázquez Aldana) construidas en la conurbación norte de Guadalajara con Zapopan, dos torres de 22 niveles cada una destinados para vivienda, dan pauta a la edificación de vivienda residencial vertical que se comenzarán a construir y que tomarán fuerza en los últimos años del siglo XX. 

Si los desarrollos horizontales estaban dirigidos a la clase media y baja, los edificios verticales se dirigen al sector económico alto. Se identifican focos de desarrollo para este tipo de inmuebles: en Zapopan en la Zona Real y en las Avenidas Patria y Acueducto; en Guadalajara en Avenida de las Américas en la zona del Country, en los que se mezclan con edificios de tipo comercial o de oficinas y dando paso más delante al denominado “uso mixto” en los que en un mismo desarrollo se llevan a cabo al menos dos de estas tres actividades: vivienda, comercio o trabajo.

Con la construcción de estos nuevos edificios el valor de los terrenos se incrementa, esto permite que en otros puntos de la ciudad sean considerados para la construcción de edificaciones verticales modificando la plusvalía de los terrenos aledaños al hacerlos proclives para generación de nuevos desarrollos verticales de viviendas en zonas como Chapultepec, Providencia, Av. Montevideo y la Minerva.

En la actualidad las autoridades e iniciativa privada se encuentran muy interesados en trabajar en la re-densificación urbana de la zona centro de Guadalajara y en las capitales medianas y grandes del país con la finalidad de tener una reactivación social, comercial, económica y cultural; generando diversos beneficios para la población.

Algunos de los beneficios con este nuevo diseño de ciudades se verán reflejadas en la disminución del costo de servicios públicos tales como alumbrado público, recolección de basura, eficiencia de suelo, disminución de tiempos de traslados, disminución del uso de automotores particulares y por consecuencia incrementando el uso del sistema de movilidad pública, menor costo de urbanización y la conservación de áreas verdes.

Estos beneficios también tendrán un impacto en la calidad de vida de los habitantes, incremento en la convivencia familiar, tiempo libre para la realización de actividades físicas, deportivas o culturales. 

Debemos de tener en cuenta que para lograr la implementación de la re-densificación y este modelo de vivienda se deberá contar con cambios legislativos, planeación de necesidades concienzudas, una apertura por parte de los desarrolladores pero sobre todo nuestro compromiso de la correcta aplicación de los acuerdos internacionales UN-HABITAD.

Creemos que la re-densificación e incruento de la vivienda vertical es un cambio con visión de una ciudad y país en evolución y vanguardia.