El nuevo aeropuerto de la Ciudad de México se localiza en la zona oriente de la ciudad dentro del área de Texcoco, relacionado con diferentes proyectos y parcelas del antiguo vaso lacustre de las cuales una parte tiene un enfoque parcial para un “Parque Ecológico Lago de Texcoco” que fue generado por Fonatur, el cual se localiza en el sector sur abarcando el actual Lago Nabor Carrillo con 36 millones de m2, con una superficie de 25 has. Alimentado por aguas tratadas provenientes de lodos activados y lagunas facultativas. Actualmente este cuerpo de agua funge como refugio de aves nativas y migratorias que se complementará con diversos tipos de vegetación y espacios con facilidades recreativas.

El suelo destinado para el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México (AICM), gravita sobre una adquisición adicional de 1000 hectáreas ubicadas al norte del lago Nabor Carrillo y se encuentra conectado con vialidades primarias de la ciudad y el actual aeropuerto.

La experiencia del actual AICM (Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México) es clara en cuanto a infraestructura de pistas, temas de inundación y mantenimiento de los edificios, debido en parte a un suelo con un alto porcentaje de arcillas y agua del vaso lacustre, temas que explican de manera general la caracterización del lugar.

Según datos del AICM el año pasado recibió 44,732,418 pasajeros en llegadas y salidas tanto internacionales como nacionales con un total de 449, 664  vuelos y para todos los que hemos sido usuarios de éste tenemos una clara visión de que indispensable un nuevo aeropuerto.

La visión conceptual del proyecto de los arquitectos Norman Foster y Fernando Romero, apoyados en la asesoría internacional de la empresa Netherlands Airport Consultants (NACO) con 500 obras mundiales, y las aportaciones tecnológicas del consorcio mexicano, deben respaldar en cuanto al icónico proyecto de clase mundial; así como su sistema constructivo preparado para las condiciones del entorno.

El proyecto de la terminal y  los edificios del complejo del equipo de Foster+Romero, representan una confianza en cuanto a criterios de calidad y costo adecuado para la magnitud  del presente proyecto,  generado bajo un amplio programa arquitectónico incluyente que contempla  además del soporte a los espacios de los usuarios,  espacios para las aeronaves, su mantenimiento, la recepción y entrega de carga, las funciones satelitales, aduanas, todas funciones estratégicas con  las altas exigencias de conectividad y comunicación, viaducto elevado circulaciones de trabajo bajo  tiempos y movimientos, logística de aparcamiento, desplazamientos y medidas para control de riesgo, así como las demás funciones inherentes dentro de varias cubiertas de grandes dimensiones.

Esto plantea un impacto a minimizar en el contexto ambiental, por lo cual  prevé un manejo y administración eficiente de la energía, se incorporaron las variables locales del clima, para proponer unos sistemas de bajo costo para el “confort humano” y una mitigación simultanea a la “huella de carbón”. Además el proyecto incluye zonas de generación de energía renovables como la solar en proporciones suficientes para una parte de la operación del  aeropuerto.

Los criterios sustentables,  en la elección de materiales, sistemas de instalaciones, envolventes constructivas, así como la racionalización constructiva con el sistema BIM para el proyecto permitirán un resultado eficiente en tiempo y realización para contar con la certificación LEED tipo platino.

En cuanto al sistema constructivo, la información que se presenta por parte de los promotores cuenta con una sencillez y racionalidad alagadora, para resolver las condiciones del subsuelo, y los movimientos de aeronaves, como el  A300 con alto impacto de carga mecánica en su desempeño.

La terminal, así como la propuesta de los espacios interiores, proyectados mediante capas constructivas con armados de acero bajo un sistema de “tridiloza” con un esquema formal  de “bóveda”, permitirá un alto flujo de pasajeros y usuarios, minimizando  los movimientos de turistas y personal desde los puntos de conexión urbana hasta la conexión de las aeronaves, la propuesta para cubrir los 400,000 m2 mediante una piel de loza acero, lucernarios en curvatura que se apoya en una serie de “foniles” o columnas estructurales de 45 metros de alto. Presentan una propuesta novedosa y ligera para cubrir los grandes claros que demanda la eficiencia del proyecto.

Con relación a las ingenierías del proyecto, los retos del subsuelo se están afrontando con una tecnología sencilla y muy probada en la catedral de la Ciudad de México y otras obras de importancia.

Finalmente la complementación del “Parque Ecológico Lago de Texcoco” será un apoyo para la coexistencia de ambos proyectos bajo condicionantes diferentes, lo cual será demandante mediante una operación y manejo ambiental adecuado, para continuar con la dotación de grandes espacios abiertos y ambientalmente estructurados como soporte de la zona urbana de  la ciudad.