Es concluyente que las ciudades actuales en el Es concluyente que las ciudades actuales en el primer tercio del siglo XXI han sido capaces de autocrítica y reflexión sobre su experiencia urbana. Aun cuando esto no significa que hayan atendido puntualmente sus incidencias. Esta misma experiencia ha sido enriquecida por una óptica panorámica cada vez más reflexiva y valiente la cual evidencia los logros y fracasos de la ciudad contemporánea.

Los resultados se han configurado por la intersección de tres factores fundamentales: el primero de ellos, al cual hemos llamado ámbito político-normativo, ha intentado ordenar los esfuerzos y dinámicas que se ven expresados físicamente en la ciudad, el ámbito socio-económico que ha establecido la capacidad del esfuerzo de desarrollo o de transformación vertido en el ente urbano y finalmente, reconociendo la importancia de este último, el ámbito cultural el cual permite la interpretación real de la célula urbana, su apreciación y su motivación subjetiva.

La complejidad de los temas urbanos actuales, que van desde la movilidad del habitante, la salvaguarda de sus espacios públicos y la protección de su medio ambiente, hacen más difícil pensar en soluciones unidireccionales considerando la gran diversidad de las estructuras sociales y las escalas económicas de estas mismas, además de la morfología de la estructura urbana y su entorno fisiográfico.

PROPUESTAS TRANSVERSALES

Debemos considerar que este fenómeno urbano se puede observar ahora con mayor precisión gracias a la comunicación transversal que se da en los medios electrónicos. Esto mismo nos permite evaluar la calidad de vida que nuestras ciudades proponen a los habitantes del planeta. Se estima que para el año 2050 más de 6700 millones de personas vivirán en ciudades y 1500 millones de ellos residirán en las grandes urbes.

A manera de recapitulación, podemos identificar una serie de metas e ideales que conforman una posible estrategia de supervivencia a través de esfuerzos internacionales como The Rockefeller Foundation y su programa de 100 Ciudades Resilientes y otras instituciones que trabajan para reorientar a las ciudades actuales y futuras. Particularmente, nos parece muy acertada la propuesta de la fundación “La Casa que Ahorra” de Madrid, España y de reciente creación la cual parece resumir una excelente guía a seguir aunque de manera generalizada:

  • Preservar un aire limpio. La edificación y la movilidad son sectores clave para reducir el consumo energético y las emisiones que producen.
    Crear un medio saludable. Los ruidos, la contaminación o las malas condiciones de temperatura y humedad en las viviendas o en el trabajo pueden provocar graves problemas de salud.
  • Combatir la pobreza energética. Las ciudades deben facilitar que la energía sea un bien asequible para todos los ciudadanos.
    Anticipar las catástrofes. La planificación urbana tiene que prever las consecuencias del cambio climático (inundaciones, sequías…) y prepararse ante otras amenazas y crisis aún del tipo social.
  • Favorecer la accesibilidad. Los procesos de rehabilitación de edificios y de regeneración urbana tienen que contemplar el envejecimiento de la población y las minusvalías para garantizar a todos la accesibilidad.
  • Fomentar la movilidad sostenible. En palabras de la fundación, “la apuesta por el transporte público, los espacios peatonales o la bicicleta, así como la introducción de alternativas de uso compartido.
  • Integrar la ciudad en el entorno. Es preciso que los elementos geográficos y naturales formen parte de la urbe.
    Lograr la eficiencia en el uso de los recursos naturales. Para ello habría que desarrollar la economía circular, el reciclado y una adecuada gestión de los residuos.
  • Tecnificar la interacción con los ciudadanos. Las tecnologías son imprescindibles para ofrecer canales de información inmediata a los vecinos sobre los servicios urbanos, las posibles incidencias, la seguridad y las amenazas para la salud.
  • Regular los efectos del turismo. La llamada ‘gentrificación 2.0’ puede perturbar los núcleos urbanos, transformando barrios en zonas puramente comerciales, expulsando a una parte de la población hacia la periferia y reduciendo la calidad edificatoria.

LAS DOS TENDENCIAS

Quizá la complejidad misma de la problemática urbana se asienta no solamente en las dinámicas operativas de la ciudad, más bien en los componentes urbanos que por muchos años han establecido patrones de conducta difíciles de resolver. De ahí podemos anticipar que la gran mayoría de los centros urbanos de las ciudades latinoamericanas, salvo algunas excepciones, están siendo subutilizados y, por otra parte el desarrollo de viviendas y equipamiento más actualizado han llevado a los habitantes y a los constructores hacia a las zonas periféricas donde la tierra tiene un costo menor y por lo mismo representa un negocio mucho más atractivo.

Sin embargo, desde este punto de análisis podemos advertir que se derivan dos grandes retos para las mismas ciudades: el primero es la reutilización de los espacios semi abandonados o subutilizados, tal vez con características de centros históricos en muchos casos, los cuales acusan una falta de actualización en los servicios públicos y por lo general representan una pérdida económica para las ciudades mismas y los ayuntamientos, los cuales están obligados en mantener en buen estado de funcionamiento sus calles, banquetas, alumbrado público y servicios de seguridad. Por otra parte, las edificaciones en la periferia sufren de una planificación más bien oportunista la cual generalmente carece de una infraestructura adecuada, no hay escuelas ni hospitales o parques públicos y, en casos muy particulares, como lo es en México, estas viviendas por diversas razones son abandonadas a pesar de ser subsidiadas por los gobiernos.

HACIA DÓNDE DIRIGIR NUESTROS ESFUERZOS

Desde nuestro punto de vista, las características de la problemática urbana que viven nuestras ciudades americanas nos obliga a considerar caminos controlados de transformación e impulso para las antiguas ciudades. Por un lado y ante la falta de control en los recursos de movilidad en los habitantes, se vuelve imprescindible compactar su utilización para hacerla más eficiente y, para esto, se requiere igualmente el rescate de los centros urbanos. Su recuperación debe incluir un aumento gradual de densidad de población y actualización de toda su infraestructura. Este ejercicio urbano arquitectónico obliga a un operativo de resiliencia en donde los gobiernos y la sociedad civil se organicen para establecer programas regenerativos y preventivos.

Como una segunda tendencia, que es aún más difícil de lograr, se requiere una disrupción urbana en la ciudad la cual puede engendrar nuevos proyectos de transporte o de utilización del suelo y virtualización que demanden la recuperación total o parcial de áreas, circuitos, áreas públicas y espacios viales con el fin de abastecer las necesidades para el futuro.

Inequívocamente debemos aceptar que ninguno de estos dos programas, la resiliencia o la disrupción, podrían configurarse sin la participación de los gobiernos, la sociedad y la iniciativa privada como parte esencial de un esfuerzo por conseguir una mejor calidad de vida, menos contaminante, sostenible y compacta estableciendo la ruta definitiva a una mejor calidad de vida urbana a nuestras ciudades futuras.