Hoy en día nos enfrentamos a una crisis ambiental y de salud, cada vez son más frecuentes e intensos los desastres naturales y la gente se enferma más seguido, tanto de enfermedades crónico-degenerativos como de gripa, asma, alergias e incluso cáncer.

Todo esto tiene que ver, en gran parte, por el estilo de vida que tenemos, donde todo lo queremos de forma inmediata y a precios bajos sin cuestionarnos lo que esto implica. Como profesionistas de la industria de la construcción, jugamos un papel muy importante en todo esto, pues nuestra forma de diseñar y de construir genera un impacto, que en la mayoría de los casos, es negativo, por el tipo de materiales que utilizamos, la manera de construir, las características que queremos que tengan los edificios, entre otras cosas, pues todo esto implica un consumo muy alto de energía, agua y recursos que conlleva a generar mayores cantidades de gases efecto invernadero que contaminan la atmósfera y finalmente afectan nuestra salud.

Diseñar y construir edificios sustentables debe de ser una constante, es decir, debe estar implícito en nuestros proyectos, el reto ahora es diseñar y construir edificios que también sean saludables pues el 90% de nuestro tiempo estamos dentro de ellos y la mayoría, en México, padecen del Síndrome del Edificio Enfermo que es, de acuerdo a la OMS, un “conjunto de enfermedades originadas o estimuladas por la contaminación del aire en espacios cerrados.” Este conjunto de enfermedades y molestias normalmente es generado por una mala calidad del aire, donde en vez de renovar el aire, lo recirculan contaminando así, todas las áreas del edificio, además se tienen altas concentraciones de dióxido de carbono (CO2) y se utilizan productos de limpieza, pesticidas y materiales que emiten COV (compuestos orgánicos volátiles), haciendo que el aire que respiremos contenga tóxicos que dañan nuestra salud, produciendo jaquecas, náuseas, mareos, irritaciones de las vías respiratorias, piel y ojos, provocando baja productividad (1.5-6%), y ausentismo laboral.

Esto significa que tenemos una gran responsabilidad para hacer edificios que sean altamente eficientes y saludables, para eso, debemos tomar en cuenta una serie de consideraciones:

Tener un proceso integrativo, es decir, que todas las partes involucradas en el proyecto trabajen de forma conjunta para tomar decisiones mucho más integrales
Estar localizado en un lugar densamente urbano para tener acceso a transporte público, ciclovías, servicios básicos (escuelas, bancos, tiendas, lugares de culto, gimansios, ferreterías, lavanderías, tintorerías, bibliotecas, guarderías, etc.)
Considerar las características físicas del terreno, así como las sociales y culturales del entorno para hacer un diseño pasivo que promueva la eficiencia de recursos.
Considerar área verde que sea permeable y permita recargar el manto freático, con plantas nativas o adaptables (teóricamente este tipo de plantas no requieren mantenimiento, pues las condiciones naturales del clima son suficientes)
Desincentivar el uso del coche, ya sea haciendo más pequeño el estacionamiento o beneficiando a los usuarios que tengan coches eléctricos, híbridos o que compartan coche y promover el uso de bicicleta y medios de transporte no motorizados
Utilizar de manera eficiente los recursos: recuperando el agua pluvial, tratando y reutilizando las aguas grises y/o negras, disminuyendo el consumo de agua para riego, muebles y accesorios sanitarios y torres de enfriamiento., aprovechando la iluminación natural, automatizando la iluminación y ventilación, reutilizando materiales, o bien, utilizando materiales locales, y que tengan la menor huella ecológica posible
Lograr un edificio eficiente en términos energéticos a través de un modelado energético que nos permita proponer los materiales y elementos adecuados para conseguirlo.
Tener un proyecto de HVAC que cumpla con los estándares internacionales de calidad del aire interior (ASHRAE 62.1-2013) y de confort térmico (ASHRAE 55-2013)
Promover que los espacios regularmente ocupados tengan vistas al exterior, de preferencia a naturaleza, e iluminación natural, sin caer en edificios pecera
Utilizar materiales que tengan bajo contenido de compuestos orgánicos volátiles, evitar el uso de lámparas con mercurio (éstas liberan pequeñas cantidades al estar en uso, y nosotros lo respiramos dañando nuestra salud)
Contratar a un agente de comisionamiento para que verifique que todo se instale y funcione de acuerdo al diseño
Diseñar proyectos que incentiven el uso de escaleras para promover la actividad física
Hacer proyectos que sean accesibles para todo tipo de personas
Llevar a cabo las mejores prácticas en la construcción para evitar la propagación de polvo, el uso de materiales tóxicos y la generación de basura para proteger la salud de los trabajadores y del usuario final, y evitar la contaminación ambiental

Los proyectos que tienen certificación LEED y/o WELL, cuentan con estos criterios y están avaladas por terceros lo que permite tener mayor certeza de que estas y otras consideraciones realmente se llevaron a cabo.

Realmente el incluir estas estrategias en nuestros diseños implica cierta creatividad, pues nos pone a pensar cómo hacer espacios más saludables desde la Concepción del proyecto y no solo por cumplir un programa, esto no necesariamente es una cuestión monetaria, si no más bien de hacer proyectos que tengan un sentido de ser, proyectos donde nos gustaría estar, proyectos que no sean para unos cuantos, si no que aporten para todos, proyectos que pueden lograr un cambio.

Arq. Estefanía Illescas Suárez
Directora de sustentabilidad en Ananta Mexico y Especialista en Edificaciones sustentables y saludables
estefania@anantamexico.com